Llega un momento en la vida de toda persona, que te haces viejo de repente sin arrugas en la frente, con poca esperanza en el corazón, pero con ganas de cambiar tu mundo, ya que el Mundo en sí mismo no lo puedes cambiar, entonces te das cuenta de que el mundo gira, pero tú ya no giras con él, entonces te entra el pánico, te sientes sola y perdida y quieres simplemente desaparecer, esconderte de todo y de todos, arañar a cualquiera que se te acerque a menos de un metro y gritar, sobretodo quieres gritar, pero te das cuenta de que te has quedado sin voz, lloras por dentro sin que una sola lagrima inunde tu mejilla, gritas sin voz y arañas sin uñas, sabes de sobra que en tu naturaleza no está la maldad necesaria para hacer daño a propósito y descubres que ni siquiera en las situaciones límites eres capaz de sobrevivir.

No digo que nunca me haya equivocado, ni siquiera digo que no lo vaya a volver a hacer, solo digo que de repente te haces viejo, echas la vista atrás y te das cuenta de que algo falló en algún punto, en algún momento la cuerda que unía todo el engranaje se rompió y el pegamento jamás lo dejo como estaba.

Voy a quemar mis naves para poder volver a tierra nadando, no me busquéis sino me hayáis entre los muertos, tampoco si por casualidad me encontráis entre los vivos, no quiero lápidas ni fiestas de bienvenida, solo quiero seguir siendo joven sin tener la sensación de que toda mi vida ya la he vivido, dadme tiempo y espacio, no pido gran cosa, solo necesito volver a notar la brisa en mi pelo, las caricias en mi cuerpo y los besos del mar en mis labios.