Te equivocas de alma, la mía hace tiempo que yace en el Tártaro, Caronte no me recordaría si no fuera por las dos monedas que ganó por el pasaje desde la orilla de la laguna Estigia hasta el infierno. Sálvate tu que puedes, que aún estas a tiempo de alcanzar el Eliseo, a mi me faltan las fuerzas, las agallas y las ganas de pelearme con tantas almas inmundas que caminan errantes por estos bajos fondos, dejé de soñar con la libertad y los verdes prados y no sé nadar sino es con ayuda.

Quisiera decirte que soy todo lo fuerte que aparento, que ya soy grande como para romper las cadenas que me atan a esta soledad autoimpuesta, pero mentiría, ni soy tan grande, ni tan fuerte ni tan buena, mi vida está llena de errores que el Tártaro limpiará, hace mucho que deje de creer en las hadas madrinas y en los sueños, hace mucho que deje de perseguir ranas buscando ese príncipe azul, hace mucho que celeste llamó a mi puerta, más no tuvo que esperar pues yo me presenté voluntaria para morir en vida para vivir aún estando muerta.

No, yo no soy Eurídice, siquiera me asemejo a tal perfección, solo soy Morfeo, alguien que necesita inventar sueños para no quedar atrapado en el sueño eterno, pero por desgracia tampoco sé hacer eso, creo que solo sé hacer una cosa, correr, correr como el correcaminos salvo que yo no tengo coyote que perseguir, corro, huyo, escapo, el resultado es siempre el mismo, un alma errante y sin patria que en el Hades se siente feliz.

No busques explicación simplemente corre, escapa, soborna a Caronte y conquista a tu Eurídice, llega a la otra orilla y vuelve la vista atrás y saluda con la mano, aunque pienses que no te vea, aunque creas que yo no cuidaré de ti, aunque tu estés en el paraíso y yo en lo más profundo del infernal abismo