Hoy es un día en los que no me gusta vestirme de veterinaria, es un día triste donde se aprende más que en cualquier día feliz, hoy es un día en el que te das cuenta de que no eres Dios, en que siquiera te le pareces un poco, en definitiva un día en el que la frase "Los animales se curan pese al veterinario" o lo que es lo mismo " Los animales se mueren pese al veterinario" cobra todo su significado.

Amo esta profesión, bien saben algunos pocos, que llorado de alegría al curar a más de un animal, y que también he llorado lagrimas de amargura y tristeza al perder a otros. Quienes jugamos a parecernos a Dios, a sanar personas o animales, sabemos de la frugalidad de la vida y que en cualquier momento y sin que nos pidan opinión la vida se va y nosotros solo podemos contemplar a modo de espectadores anónimos.

Hoy he perdido a dos pacientes, una vaca y un ternero y en ninguno de los dos casos he podido hacer nada, salvo certificar la muerte (cosa que no se hace con los animales, es una forma de hablar), el parto vino mal desde el principio, era una vaca que ya había tenido problemas el año pasado, con el canal de parto muy estrecho y preñada de un toro limusin puro, que suele dar terneros muy grandes, el caso es que el ternero venia mal, lo que comúnmente se llama estar vuelto, he metido la mano, he estado palpando y después de mucho sudor y lagrimas he conseguido recolocar al ternero para que pudiera salir correctamente, hemos cogido el extractor y hemos sacado al ternero, después de ver que estaba vivo y de quitarle toda la mucosidad  lo mejor posible, se nos ha ido, se ha terminado ahogando, por desgracia estuvo mucho tiempo tragando líquido amniótico, fue un milagro que llegara a nacer con vida, y la vaca simplemente se murió, creo que tuvo una hemorragia interna, en cuestión de minutos se nos habían muerto los dos pacientes.

En fin, que hoy solo queda aprender de la experiencia y procurar hacerlo mejor la próxima vez.