DÉJAME QUE TE CUENTE
el 5 nov En: pensamientos relatos dejame que te cuente - sin comentarios
Hace un par de años cerré este blog, la musa se me escapó por la ventana o si lo preferís, diré que la inspiración dejo de ser mi compañera, entre en una espiral de falta de voz y luz y decidí que, escribir en un blog no debe ser una obligación sino un disfrute interno de gritar al mundo lo que no te atreves a decir en voz baja, por eso cerré este espacio e inicie un camino de conocimiento personal, necesitaba tiempo, espacio y más de una respuesta, fui en busca de mi musa, de mi inspiración y recuerdo que prometí que si regresaba, algún día os contaría los peligros y las aventuras de ese camino, no voy a contaros si encontré o no a esa musa perdida, eso lo adivinareis con solo leerme, solo quiero cumplir esas promesas que os hice cuando me fui, la primera ya la he cumplido, era la de regresar algún día y la segunda era la de contaros como me fue durante todo este tiempo, esa espero irla cumpliendo poco a poco y en la forma en como me dejen hacerlo las parcas palabras que uso.
Todos tenemos un niño interior, unos lo tenemos más superficial, otros más profundo, pero creo que no me equivoco si digo que todos tenemos uno, el mío se llama Magui, que no se pronuncia como la hija pequeña de los Simpson maguie, sino que se pronuncia Mangüi, viene de Mangüito siempre dice que perdió la diéresis en una pelea, yo nunca me llegué a creer mucho esa historia, creo más bien que la perdió, mi niño, es un poco fanfarrón y también bastante desastre, así que no me extrañaría que se la quitara para jugar al fútbol y la perdiera por ahí, el caso es que Mangui es mi niño interior, tiene unos 7-8 años, ya sabéis que en cuestión de edades de niños nunca se puede estar seguro del todo, es argentino, si, si ya sé lo que estáis pensando, como puede ser que sea argentino si yo soy madrileña, algo falla ¿verdad?, pues cuando le pregunte me dijo lo siguiente, " pero che, boluda, los madrileños nacemos donde nos da la gana, es qué no sabés nada", después de tal afirmación todo me quedó muy claro y no seguí preguntando, mi niño para su edad es muy avispado, sabe latín, inglés, francés, sueco, neozelandés (a saber para que le va a servir el neozelandés), además de eso es un terremoto, nunca puede estarse quieto, ni callarse nada, da igual todos los razonamientos que tu le des, él es puro corazón, nunca le importan los riesgos, nunca mide las cosas por su valor económico, sino por las sonrisas que le producen, es un sol, buena gente, amigos de todos, confiado, afable y guapo, aún me sigo preguntando como siendo yo como soy, alguien del montón, del montón malo se entiende, pueda haberme salido un niño tan guapo y con unos ojos que te sacan cualquier cosa, en fin que este es mi niño, un niño al que cuando cerré el blog le abandoné, le pedí que se marchara de mi vida y que hiciera la suya en otro lugar y tratara de ser feliz, él me obedeció se construyo un barco y se fue a navegar, a mi niño le encantan los deportes, me pidió que le escribiera contándole como me iban las cosas, nunca llegué hacerlo, aunque lo intenté muchas veces, es por ello, por lo que quiero que estos pequeños apuntes si me lo permitís, sean una especie de misivas dirigidas a él, por si diera la casualidad que pasara por aquí y pudiera leerlas.
Con él a mi lado no hubiera podido hacer el viaje, pero eso no significa que no le haya echado de menos, Magui, "déjame que te cuente" que no deja de ser el titulo de un libro de Buckay, son las cartas que nunca te escribí, las que como siempre callan más de lo que dicen, pero dicen la verdad.
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