Noche oscura y lluviosa, una de esas en las que la humedad cala hasta los huesos y los recuerdos se escapan con cada calada que das al cigarro, miro las estrellas tapadas por nubes mientras fumo tranquilamente ese cigarro que está destinado a ser el último de la noche, quizás si me lo propongo, también sea el último de la semana, miro al cielo y sueño con esas estrellas y planetas que no vemos, con esas ilusiones que se esfumaron como el humo de mi cigarro se esfuma ahora, estoy en el balcón, apenas tapada con una bata y miro la lluvia caer, me relaja ver caer la lluvia, aunque yo no me moje, aunque siquiera me salpique. Una noche, una tormenta y un cigarro en la oscuridad, que gran combinación para aquel que quiera evocar héroes olvidados, príncipes destronados o simplemente respirar la libertad, porque la libertad huele a humedad, huele a tristeza y a cigarro de media noche, la libertad no deja de ser ese amante bandido que nos visita en medio de la noche y nos abandona antes de que podamos terminarnos ese cigarro o siquiera nos hayamos despedido.

Me gusta la lluvia por los recuerdos, por lo que me provoca, por lo que significa, me gusta ver llover porque si prestas atención puedes oír las gotas de agua caer, me gusta la lluvia porque solo los valientes se atreven a mojarse, me gusta la lluvia porque me gusta pensar que los ángeles están llorando por mi, porque un día conocí a un ángel a quien le gustaba la lluvia, porque quizás algún día consiga parar el mundo con este ángel, porque despierto del ensueño de la noche y me doy cuenta que la vida es efímera, como lo es mi cigarro consumiéndose entre mis dedos, como lo es su humo volando a las estrellas.

Acabo de apagar mi cigarro, acaban de terminar mis 10 minutos de soledad, de reflexión de autoconocimiento, ahora me despediré de mis estrellas, de esas que antes solían contarme cuentos, pero ya ni se acuerdan de mi, me quitaré la bata y entraré de nuevo en casa, quizás un poco más vieja, un poco más cansada, pero con las mismas ganas de que llegue mañana y siga lloviendo, y volver a ver a mis estrellas aunque ellas no se acuerden de mi, aunque me hayan olvidado.