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La Coctelera

El rincon de Morfeo

SE PUEDE MATAR AL SOÑADOR PERO NUNCA EL SUEÑO

31 Enero 2009

LA PRINCESA QUE SE EQUIVOCO DE PRÍNCIPE

Dejé mi imaginación volar y regrese a una vieja historia de dragones, princesas y sapos encantados, que hace tiempo me contaron.

Yo aún era una niña, aún era capaz de ver por los ojos de un niño y mi interlocutor lo sabía, es por ello, por lo que muchas tardes de invierno al calor de la chimenea me contaba historias inverosímiles, esta que hoy voy a contar me la narro una tarde noche de frío enero, él con una pipa entre sus manos y yo con un chocolate caliente.

La princesa que se equivoco de príncipe, me dijo que se llamaba, en él Celeste una joven princesa del país Universia besa a la rana equivocada y se equivoca de príncipe.

La princesita era bella, no tanto como "Blancanieves" " La Cenicienta" o su prima "La Bella Durmiente", pero si lo suficiente como para sentirse admirada por los pájaros que la cantaban a la mañana, la belleza, decía uno de ellos, "no se ve con los ojos, se admira con el alma". Celeste nunca se sintió fea, pese a no cumplir los canones de belleza de la sociedad, tampoco sintió la soledad pese a crecer sin madre y por desgracia o por suerte solo conoció el amor una vez.

Ella tenía muchos amigos, quizás no de los que una princesa debiera tener, pero amigos a fin de cuentas, de esos que sabes que están ahí y que se enfrentarían al mundo solo por sacarte una sonrisa, la princesa tenía por mejor amigo una rana verde y un tanto asquerosa, como mejor consejero a un pájaro loco y como compañía a un perro viejo y de malas pulgas, un gato vago incapaz de levantarse de la siesta y un pez mudo que olvidaba cosas con bastante facilidad.

Todos ellos habían crecido con la princesa y todos la querían más que a su propia vida, sin ella sus vidas hubieran sido muy diferentes, la rana hubiera sido ignorada en su croar, el perro viejo sacrificado y castrado, el pájaro loco encerrado en un psiquiátrico, el gato asesinado por la mafia de gatos y el pobre pez hubiera ido a parar a algún estomago desagradecido.

La princesita también los quería, cada uno era diferente, cada uno era especial por un motivo y cada uno le aportaba cosas distintas, la rana le daba consejos, el el gato le enseñaba a hacer travesuras, el pájaro loco le daba la locura que a veces le faltaba, el perro viejo la calma, la serenidad y la sabiduría y el pez, sabía como nadie escuchar lo que ella decía.

Si de todos hubiera tenido que elegir a alguno, quizás no hubiera sabido escoger, pero una cosa si está clara, se pasaba horas y horas en compañía de la rana, así que hubiera sido a ella a la que más hubiera echado de menos "a veces las cosas hay que sopesarlas desde el punto de vista de la pérdida" le solía decir el perro.

La rana era una rana y solo sería príncipe si le besaba una princesa, pero ni la rana era la rana de esa princesa ni la princesa era la princesa de esa rana, ambos lo sabían , sabían que eran amigos y sobretodo sabian que un día tendrían que separarse, aunque ellos no solían pensar mucho en ello, preferían disfrutar del momento de estar juntos por si mañana ya no pudieran estarlo más y fue así como sin querer, poco a poco la rana se fue enamorando de la princesa y esta a su vez se enamoro en secreto de la rana.

Sus amigos no eran tontos y conocían lo que entre ellos ocurría, más de una vez el pájaro loco les había dicho que se lanzaran a la charca y se besaran, incluso el perro, les dijo que lo importante es ser feliz, y el gato a su vez que siempre decía que el amor no merecía el esfuerzo, insistió en que se confesaran su amor, pero solo cuando el pez beso la pecera ella se armo de valor para ir y besar a la rana. Pero como siempre pasa en estos casos, las cosas nunca pueden ser 100% felices y cuando Celeste se disponía a besar a la rana, su padre la sorprendió y fue encerrada como castigo, en la torre más alta de un castillo custodiado por un temible dragón. El rey proclamó un bando, en el que anunciaba que aquel que trajera de vuelta a su hija al reino, se casaría con ella.

Los voluntarios fueron muchos, pese a que ninguno sabía nada de ella, pero un reino no se ganaba todos los días y el esfuerzo merecía la pena. La rana destrozada también quiso intentarlo, buscó como loca alguna princesa que le convirtiera en príncipe, pero ya no había ninguna princesa en esa charca, así que, inducido por el pájaro loco se armo de valor y se lanzó a recuperar a su amada.

El resto de participantes no pudo dejar de reir cuando le vieron aparecer con aquella armadura vieja, oxidada y grande. Una rana contra un dragón, decían unos, mirad una rana en busca de princesa, decían otros, el caso es que muy pronto los valientes pretendientes dejaron atrás a la pobr rana, pero esta no desistió y siguió andando.

Llego al castillo y vio la torre y en ella a su amada, el dragón estaba frente a él y casi le mata del susto sin siquiera empezar la pelea,

- ¿También tú quieres morir como el resto?- Preguntó el dragón

- No, no quiero morir, ni tampoco matarte, solo quiero decirle a Celeste que la quiero más que a mi vida y qué moriré si necesita que se lo demuestre.

- Así que no vienes a matarme...¿qué le puede ofrecer una simple rana a toda una princesa?- Dijo el Dragón

- No mucho, salvo alguna baba de vez en cuando, un oído para escucharla y algún que otro consejo siempre que me lo pida, pero sobretodo le puedo ofrecer una sonrisa cada día o tratar de sacarle una sonrisa cuando tenga un día gris.

-Todo eso es muy bonito, pero ¿quién me asegura a mi que tú eres el pretendiente perfecto?

- Me temo que nadie te lo puede asegurar, ni yo mismo me siento seguro para decirlo, pero aquello que nos diferencia entre nosotros, hace que nos acerquemos más que cualquier otro semejante, pues ambos crecimos con las mismas limitaciones. -Dijo muy orgullosa la rana

- Está bien, me has convencido, sube a la torre y volved a casa, bésala y sed felices

- Gracias por la confianza, jamás lo olvidare

así ocurrió al menos en parte, porque al llegar al reino el rey se opuso al matrimonio ya que no permitiría que su única hija se casara con una rana verde fea y asquerosa (al no ser la princesa elegida para esa rana, al besarle no se convirtió en príncipe), así que la rana volvió a su charca y la princesa fue prometida a un príncipe cercano, uno de esos arrogante y tonto que solo quería esposa para tener hijos.

La boda fue espectacular, la más bonita de cuantas se habían celebrado en el reino, pero la novia no era feliz y la rana en su charca aún menos, se caso por no decepcionar a su padre y dejo de un lado su felicidad por hacer a otros felices, así fue pasando el tiempo entre lloros y tristezas, hasta que un día la princesa no pudo más y le dijo al pez mudo que se iba a suicidar, que así acabaría con todo.

De cómo el pez aviso al gato vago y de cómo este se lo comunico al perro sabio, nadie lo sabe, pero el caso es que el pájaro loco llevo en sus alas a la rana hasta donde la princesa estaba y allí mantuvieron una conversación:

-Celeste, no solucionas nada dejándote caer

- Puede que si o puede que no

-Me rompes el corazón, no quiero perderte, si te tiras al vacío, detrás de ti, voy yo.

-Nada podrás hacer por salvarme - dijo la princesa

-De nada sirve vivir si tu no estas aqui

- Rana, no sé que hacer, estoy atrapada en una farsa.

-Existe una leyenda antigua, que dice que si besas a una rana que no es la tuya y deseas con todas tus fuerzas convertirte en rana, te transformaras en una, quizás si tu quisieras....Podríamos intentarlo.

- Si quieres....

La princesa levanto a la rana y como solía hacer, hace mucho mucho tiempo, se dispuso a besarla, pero de nuevo su padre la sorprendió, aunque esta vez no la iba a detener, la princesa beso a la rana, tan dulcemente, que su rana se supo en el cielo y ella se convirtió en una preciosa rana verde, ante los atónitos ojos de su padre que vio como perdía a su única hija y ambas ranas se fueron croando felices a su charca.

Vivieron juntas por años, tuvieron varios renacuajos y por fin fueron felices, con sus limitaciones, pero con el consuelo de tenerse el uno a la otra para consolarse. Sus amigos siguieron siéndolo, el pez se mudo a la charca, el perro se acomodo en la sombra de un viejo árbol, donde el pájaro tenía su nido y el gato vago simplemente se las apañó para ser el invitado de honor en todo el palacio que era la charca.

El rey, siguió reinando y dejo todo su reino a un convento de carmelitas, que a su vez hicieron de él un gran orfanato, hospital y casa de pobres.

"A veces nos falta el valor, otras lo encontramos y algo lo estropea todo, como dice una frase, lo importante no es llegar a la luna, sino saber que quieres llegar a ella"

servido por morfeo 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

zaiduck

zaiduck dijo

Rana o princesa, al final, ella misma era.

Precioso y alentador cuento. ¿Tienes más? :)

12 Febrero 2009 | 01:05 AM

morfeo

morfeo dijo

Llevas toda la razón, a veces rana otras princesa, a veces angel y otras veces demonio, a fin de cuentas lo que importa es ser capaces de mirar bajo la superficie y seguir lo que nos dicta el corazón.

Tengo uno más, pero ese no me pertenece del todo.

Gracias por el comentario

Besos

12 Febrero 2009 | 02:28 PM

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