Una copa de wisky por Nochebuena
el 11 ene En: navidad - 1 comentario
Hay veces que el mejor compañero es una botella de wisky
Aunque ha pasado ya tiempo desde que celebramos la Nochebuena, he pensado publicar ahora este post y no antes por una falta de estructuración del mismo, porque los sentimientos son díficiles de poner en un trozo de papel.
A mi personalmente no me gustan las fiestas navideñas, más bien las odio hasta tal punto que si por mi fuera no existirian.
No me digais que no son tontas, comprar por comprar, comer por comer y estar felices y ser solidarios por serlo, nunca lo he entendido ni creo que mi cerebro pueda algún día comprenderlo, pero año tras año seguimos celebrandolo.
Aunque si os digo la verdad este año y aunque solo fuera por unos minutos me senti feliz el día de Nochebuena rodeada de mi familia, cosa irónica pues como y ceno con ellos prácticamente todas las semanas.
Normalmente todos los años la tarde de tan conocida noche salimos en familia a tomar algo al bar de mi prima, alli fue donde me encontre con Fernando Cortez (no hagais la broma de Cruz y Raya jaj), el es un emigrante creo que de Bolivia o Colombia que lleva 6 años viviendo en mi pueblo, aunque antes ha malvivido cantando en la linea 6 del metro de Madrid y estuvo 2 años en Canada con los engañadores de Jeova como dice él (yo le digo que al menos engañado conocio Canada), la verdad es que cuando está sereno dice cosas bastante interesantes, por ejemplo un día me contó como se toca el charango (instrumento tipico de su tierra), bueno no me voy a meter ahora en eso, el caso es que ese día iba un poco borracho,aunque aún se le entendia, y como dice el refran: Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad. Él, nos contó que ya había felicitado a sus dos hijos por teléfono y que para cenar solo le esperaba una botella de wisky que le habían regalado en una cesta y un abrazo que se daría él solo si conseguia aguantar despierto hasta las 12.
No se a vosotros, pero desde luego a mi casi se me saltaban las lagrimas, miraba a mi familia sentada en una mesa tomando algo mientras charlaban y le veia a él solo acompañado por un wisky y no podía dejar de sentirme afortunada por tener con sus broncas, locuras gritos, tonterias, manías de mi abuela... a toda mi familia ahí reunida riendose.
Es curioso que no nos percatemos de las cosas hasta que no las tenemos lejos, es por eso que aunque no nos guste la navidad, si no estamos con alguien, aunque sea un amigo nos sentimos, por lo menos a mi parecer muy solos.
Yo invite a Fernando a cenar con mi familia, pero él lo rechazó, no le apetecia estar con nadie, la soledad compartida deja de ser soledad.






Es curioso que a veces hagamos de la soledad nuestra mejor aliada, a veces me pregunto si no será por miedo a ser felices.
Un beso, me encanta tu blog ;)